Juan Álvarez Guzmán. Doctor en Educación, Universidad de Barcelona. Director Ejecutivo de Conexium.
Cada año, más de 75 mil jóvenes egresan de la Educación Media Técnico Profesional (EMTP) en Chile. Detrás de sus aprendizajes hay un actor fundamental: el docente de especialidad, quien conecta la educación con el mundo productivo, la tecnología y las oportunidades laborales de los estudiantes.
El reciente estudio “Docencia en educación media técnico profesional en Chile: desafíos estructurales y claves para su reforma”, de María Paola Sevilla, Cristián Infante y Daniela Luengo-Aravena, publicado por el Centro de Políticas Públicas UC, entrega evidencia relevante para avanzar en esta materia. En Chile existen alrededor de 6.100 docentes de especialidad y, entre quienes ingresaron a la EMTP entre 2021 y 2025, solo un 7% contaba con título de profesor. Además, la proporción de docentes con formación pedagógica específica en EMTP pasó de cerca de un 32% en 2013 a un 19% en 2025.
Son cifras que dialogan directamente con lo que observamos trabajando con comunidades educativas técnico profesionales en distintos territorios del país. Encontramos docentes con gran experiencia técnica, conocimiento de sus sectores productivos y un profundo compromiso con sus estudiantes, pero enfrentados a transformaciones tecnológicas y productivas que avanzan más rápido que las oportunidades de actualización disponibles. Fortalecer sus competencias pedagógicas, renovar sus conocimientos técnicos y mantener un vínculo activo con la industria ya no es una aspiración de largo plazo: es una urgencia.
La Estrategia Nacional de Educación y Formación Técnico Profesional abre una oportunidad para convertir este desafío en una política de largo plazo: construir una trayectoria de desarrollo docente que reconozca la doble identidad del profesor TP, como educador y como especialista del mundo productivo.
El estudio de la UC propone caminos concretos: formación modular y acumulable, microcredenciales, reconocimiento de la experiencia laboral previa y mecanismos de docencia compartida, mentorías y pasantías que acerquen sistemáticamente a los docentes a empresas e instituciones de educación superior.
A ello agregaría una dimensión que desde los territorios resulta fundamental: esta política debe construirse considerando las vocaciones productivas regionales. La minería, la energía, la agroindustria, la logística, el turismo o el sector marítimo requieren competencias distintas y evolucionan a ritmos diferentes. Por eso, liceos, servicios locales de educación pública, empresas, instituciones de educación superior y organismos públicos necesitan espacios permanentes de articulación territorial para garantizar la pertinencia de la que tanto se habla en mesas y gobernanzas y que termina quedando guardada en actas de reuniones.
Chile tiene la oportunidad de proyectar la docencia técnico profesional como una carrera atractiva, dinámica y conectada con los cambios del mundo del trabajo. Fortalecer a quienes enseñan en la educación TP es también fortalecer las trayectorias de miles de jóvenes y las capacidades productivas que el país necesitará durante las próximas décadas.